Seguro les ha pasado que se les pega una canción: No pueden dejar de pensar en ella, caminan al ritmo de la melodía en cuestión y se encuentran tarareándola en todo momento.
Dicen los psicofisiólogos que ese fenómeno se presenta por que tu cerebro tiene 'comezón', y pensar una y otra vez las cosas equivale a 'rascarte'. Y dicen también esos señores de bata blanca y doctorados en Oxford que Mozart tenía comezón crónica, pero que siendo el genio que era se rascaba componiendo sonatas en vez de cantando un coro de La Onda Vaselina.
Bueno, yo he tenido comezón por casi un año. Más o menos por agosto del 2006, vi un documental sobre los Bailarines del Bolshoi. Salía un niñito ruso muy simpático y me quedé a verlo. Y después salió la que ahora es Prima Ballerina del Ballet del Bolshoi a la ridícula edad de 19 años y a quien los críticos han puesto el título de la 'bailarina más moscovita' de los últimos 50 años. No poca cosa.
Y claro, te imaginas una Prima Ballerina como una vieja flaca, estirada, vestida en un tutú ridículo y anacrónico, haciendo piruetas. Pero en este documental, tuvieron el buen tino de pasar la energética ejecución de la bailarina de que hablo en el Concurso Internacional de Ballet de Luxemburgo: una pieza de danza contemporánea que el coreógrafo llamó 'Liturgy'.
Para ese momento yo ya no estaba poniendo mucha atención. Pero la música me hizo voltear nuevamente a la pantalla -- Era una melodía sencillamente espectacular, aunque dudo mucho que me hubiera impresionado tanto si no hubiera visto también el baile de Natalia Osipova. Rara vez un cuerpo mudo es más elocuente que una voz, especialmente que la voz de Dulce Pontes.
Y desde entonces un tempo de 4/4 y unos violines les hacen cosquillas a mis pensamientos.
Bien, después de la verborrea, la música:
Primero,
Natalia bailando.Y ahora, Dulce Pontes con
'Cancao do Mar'.Véanlo en ese orden, se los recomiendo.