Javierito estaba re loco, cuando no andaba por el pueblo correteando y apedreando a personas que él creía comunistas, se la pasaba en la iglesia rezando a la Virgen de Guadalupe.
En la iglesia Javierito incomodaba mucho a los feligreses, pues a veces a mitad de misa, solía ladear un poco el cuerpo y dejaba escapar sonoras flatulencias, lo que hacía reír mucho a los niños, y que las señoras se taparan media cara con su chal, los señores, que ya tenían el sombrero en las manos, lo tomaban a forma de abanico y dirigían el aire hacia su rostro.
Cierto día, el sacristán de la iglesia abrió uno de los confesionarios y ahí estaba Javierito Loco en cuclillas con los pantalones hasta el suelo, haciendo su necesidad pues, el sacristán le dijo: "Javierito, voy a tener que dar parte a las autoridades", Javierito le respondió: "Pues como quieras, si quieres dar parte a las autoridades o si quieres quédatela toda, yo aquí la iba a dejar."
Javierito también entraba a "jugar" con los toros de la familia Hernández, siempre el hijo menor de esa familia tenía que sacar a rastras del corral a Javierito, un día nadie se enteró de que Javierito entró al corral de los toros ni de que uno de los toros mas pesados del corral embistió a Javierito, hasta el otro día, la familia Hernández se puso contenta al ver que Javierito aun respiraba, al instante los dos hijos mayores de los Hernández pusieron a Javierito en la carreta y lo llevaron al hospital.
En el hospital Javierito duró dos días inconsciente, cuando despertó, le sonrió al médico, y le dijo: "En donde estoy", el médico le respondió: "En el hospital Javierito te corn..", cuando Javierito escuchó la palabra hospital, salió corriendo, se quito la bata que traía el corrió desnudo por todo el hospital, hasta la salida, pues cuando cruzó la calle, una camionetita de redilas que iba para el mercado atropelló al pobre de Javierito Loco, quien inconsciente volvió a ser trasladado a la cama que acababa de dejar en el hospital.