Por El Abuelo.
Toñita, la vieja que vendía dulces a fuera de su casa y a veces quesadillas, también grababa cantos católicos en cassettes, y se dedicaba por las tardes a rezar el rosario, un día la encontré cuando regresaba del trabajo, y me dijo que iba a levantar una cruz, le pregunté "¿qué es eso?", ella con un aire de entre enojo y presunción, me explicó algo de que se deben rezar rosarios por nueve días y que posteriormente a ese período de rezos llamado novenario se debe levantar la cruz que ha sido puesta en la cabecera del ataud del difunto, y que en esa ceremonia además de muchas cosas que ya no recuerdo se reza otro rosario, Toñita iba a platicarme mas cosas de la ceremonia, cuando volteo a ver su reloj y me dijo: "ah chis! ya se me hizo tarde, hasta luego, buenas tardes", yo seguí el camino a casa, cuando a mis espaldas se esuchó un fuerte amarrón de llantas, pensé: "ya chocaron".
Al otro día Cata, la vecina me preguntó: "¿Ya supo?", a lo que tuve que responder que no, ella casi sin esperar mi respuesta había comenzado a decir: "ay! pues fíjese que ayer atropellaron a Toñita, cuando iba a cruzar la lateral del periférico, yo iba pasando cuando la ví tendida, y me quedé con ella hasta que llegó la cruz roja a levantarla".
Cata siguió hablando, pero yo pensé: "Toñita iba a levantar una cruz, y al final a ella la levantó la cruz".
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2 comentarios:
A veces resultan perturbadoras esas relaciones extrañas que la casualidad nos pone en frente, si es que es la casualidad...
¡Ah, la ironía!
Me gustó mucho tu cuento Kamillo-san.
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